LA ERA DEL MIEDO



Dicen que el miedo es una respuesta psicológica ante alguna amenaza real o imaginaria. Es una emoción que, según Martin Heidegger, testimonia la existencia del ser arrojado al mundo: “El temer –dice– ‘abre’ este ente a su ‘ser en peligro’ en el ‘estado de abandono’ a si mismo.  Cualquier cosa puede originar el miedo: un animal peligroso, la oscuridad o una situación  hostil. Pero el miedo no sólo es mental, también puede apoderarse del cuerpo e inmovilizarlo, generando un efecto físico en quien lo padece. Los poderosos y los estrategas del biopoder saben esto y lo utilizan para modelar los comportamientos colectivos. En la actualidad, el miedo ha pasado de ser una emoción primaria asociada a la psiquis individual para convertirse en un fenómeno de masas, asociado a la información y el poder. Hoy se le teme a todo, especialmente a cualquier cosa que amenace la seguridad y el bienestar de las personas o la sociedad (epidemias, desastres naturales, acciones terroristas), cosa que es aprovechada por los gobernantes para dictar políticas públicas, aparentemente benéficas pero impopulares . Casi podría decirse que la gente, coartada en su albedrío, actúa metus causa ; es decir, bajo presión, intimidación o por causa del miedo. Advierte el sicòlogo Axel Capriles que el miedo colectivizado distorsiona de manera extraña el concepto de democracia. En Venezuela, una nación tradicionalmente signada como feliz, el miedo se ha convertido en su sello. Basta escuchar las conversaciones cotidianas de la gente u ojear los principales titulares de las noticias: "el miedo es la ley en El Guarataro", "en sectores populares el 42,6% teme hablar de política", "el miedo deja desérticos los espacios públicos". Una de las consecuencias políticas del miedo es que las poblaciones se hacen más susceptibles y aceptan con más facilidad ser dominadas, manipuladas, subyugadas. Consienten como natural la interferencia de Estado en la vida de los ciudadanos. Esa fue la tesis de Hobbes como fue la de la generación de venezolanos que aceptaron el gobierno de Juan Vicente Gómez porque "los jóvenes no sabían" lo que era vivir en amenaza constante de muerte y guerra. Y es una gran verdad que el miedo surge cuando nos sentimos indefensos, vulnerados los derechos, cuando hay injusticia, entonces entremos en pànico. Miedo a salir de nuestras casas, miedo a ser secuestrados, miedo a no conseguir medicinas, miedo a no conseguir alimentos, miedo a no conseguir repuestos...Miedo a opinar, miedo a que te amenacen...Hay quienes relacionan al miedo con la la distopía , la cual es una sensación de miedo que se proyecta hacia el futuro de manera indefinida. Originalmente el término fue concebido como lo opuesto a “utopía” (ideas en torno a una sociedad ideal), por lo que es también reconocido como “utopía perversa”. Generalmente las distopías se formulan a partir de apreciaciones (reales o ficticias) de ciertas tendencias supuestamente consolidadas que, según esa visión, conducen hacia una pérdida de libertad, deshumanización, catástrofes, conflictos bélicos, manipulación de la información, alienación tecnológica, etc. En Venezuela el miedo es ley,  ante la ineptitud de un gobierno que solo atropella, amenaza y golpea con su verbo, la violencia està arraigada en nuestras relaciones, en nuestras vidas...Existe miedo a enfrentar la realidad misma, entonces nace la resignaciòn, miedo a no controlarse, miedo a las càrceles, miedo a votar, miedo a expresarse, el miedo se ha instaurado y tiene voz alta. Hemos construido el miedo como defensa y como muralla. El miedo es otro pasajero cuando vamos en autobus, somos rehenes del miedo, el miedo nos paraliza...Como lo expresa Fèlix Suazo: "EL miedo es el camino al lado oscuro, el miedo lleva a la ira, el odio lleva al sufrimiento to. Percibo mucho miedo en ti. Nada me aterroriza màs que el miedo, y a nada debe temerse tanto como al miedo..."   Una verdad grande como un estadio es que en Venezuela se ha instaurado la era de la humillaciòn sistemàtica a todo lo que se le oponga o difiera, es el régimen de los insultos diarios, de  las amenazas,del verbo atropellante,  de  las confiscaciones; la obscena corrupción y el dispendio de los recursos a otros paises, lo que ha originado  hastìo, impotencia, conformismo, cansancio. Serà el mismo temor y temblor al que refiere Søren Kierkegaard, que nos asemeja al "Caballero de la resignaciòn infinita" quien es capaz de desordenar todo por una gran causa y convivir con el dolor que eso le produzca, en oposición al "caballero de la fe", quien no sólo renuncia a todo sino que además confía por la fuerza del absurdo? ¿Somos ese pueblo que debe sacrificarse por una causa o convicciòn de algunos, y que debe producir el sacrificio y resignaciòn de la mayoria? ...

ISABEL VIRGINIA CHIRINOS FLORES
18/09/2014 

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