DESDE LAS ENTRAÑAS

Una mirada introspectiva a su centro, hurgar en su mèdula, visualizar y adentrarnos en el profundo abismo donde se alojan sus  inconsistencias, y contradicciones, ver de cerca sus entrañas, sus visceras ,su  corazòn latiendo y sus venas abiertas...Un pais descuartizado, y  desmembrado, casi necrofìlico, con metàstasis en todos sus organos. Solo quejidos, el dolor està vivo, no hay morfina que apacigue su padecimiento. Cruentas historias conforman su geografìa, poco a poco son develadas dantescas realidades que muchos no quieren ver, no quieren que se conozcan, siempre escudadas bajo la premisa de la justificaciòn injustificable, un paìs que no le duele ni siquiera a sus habitantes, porque los intereses y los temores son mas poderosos, la iniquidad  al igual que la impiedad se han apoderado de sus almas, ninguno quiere sacrificarse, nadie se atreve a dar el primer paso, porque el dinero y las ansias de poder desmedido han sobrepasado lo inimaginable. Somos el resultado del mayor saqueo que  haya experimentado paìs alguno, en todos los sentidos.  Un pais que luce entregado, esperando la hora fatìdica de su deceso, porque no resiste a tando desmadre. No se oye ni suna sola voz de aliento ni raciocinio, o de ànimo, de solidaridad, las esperanzas se difuminan en el horizonte gris de la impaciencia...Calles preñadas de carros, de anarquia, de basura, de indecencia, de ruido y de falta de civismo nos indican que hemos retrocedido al paleolìtico. Los hospitales moribundos de humanidad nos avisan que la degradaciòn ha hecho estragos,  las morgues abarrotadas de cuerpos hechos coladores, nos presagian que la guerra es aqui y no en Gaza. Con gran estupor vemos como nuestra  juventud  migra tras la flauta de  Hamelìn, huyendo  tras la busqueda de sobrevivir  a una mejor propuesta de paìs. Acorralados màs y màs, nos van cercando, nos van asfixiando, sin respuestas ni explicaciones. El verbo procaz, se mofa muchas veces del dolor y penurias de los màs necesitados, los olvidados y a quienes mas han utilizado para sus proyectos inservibles y fracasados. Una libertad que luce rasgada, amputada por la falsa justicia que impera, la que nos coarta, nos enmudece y nos arrebata a cada instante el derecho a disentir y a exigir. La muerte, se pasea sin restricciones por todo el territorio, trasegando almas sin distingos, sin obstaculos, como el paciente que clama ser salvado. Una vez màs las riquezas de nuestro paìs, uno de los mas ricos, como ayer,  servirà a otros a enriquecerse y a levantarse, mientras nosotros nos hundimos màs y màs en la pobreza , en su mas lato sensu. Todo lo anterior nos da una visiòn escatològica del principio del final, el abismo que se asoma  a nuestros pies, que solo podrà tener un distinto rumbo, cuando despertemos y lanzamos el grito de SOS, para juntos encarar nuestra realidad, rescatar nuestra esencia y nuestra marca, lo que somos.  Deberiamos eliminar  esa “propensión a la demolición, al derrumbe, al escombro” ,  y mejor nos avoquemos a construir desde los pedazos,  que este electrocardiograma que llamamos historia , sea estabilizado, que esta tierra que se nos escapa por las rendijas de la nostalgia, recuerdos y divisiones, por tantas diferencias, logremos recuperarla. Que  sea el pais del retorno, que levantemos la casa , nuestro nuevo hogar. Siempre con la convicciòn reflexiva de hacernos  conscientes de nuestra posición de actores en él. Un país debe ser una promesa que nos repitamos constantemente. Nadie nos contó de qué trataba, o para qué existía Venezuela. Lo intentaron, pero sin éxito. Lo siguen intentando, pero sólo consiguen oscurecerlo. Nos han dado palabras infladas, turbias, como patria, nación, victoria, muerte. Nos han dado montones de adjetivos –supremo, eterno, único y así. Nos han hecho repetir consignas. Han masticado nuestro pensamiento por nosotros. Sin embargo, seguimos sin saber en qué consiste este lugar que habitamos. Y es esa ignorancia la que nos protege, pues nos permite replantearnos. Como lo advierte Alberto Barrera Tyszka:“Huye de los himnos. Desconfía de las palabras hinchadas, redondas, pesadas. Palabras como Patria, por ejemplo. ”Es necesario que aprendamos a desconfiar de las palabras que nos entregan con tanta facilidad. Para reimaginar el espacio que llamamos hogar cada vocablo debe costarnos, cada sílaba debe ser evaluada y sopesada. Y no debemos alzar la voz; ya ha sido suficiente de gritos, canciones, jingles políticos estupefacientes. Aprender a murmurar será una de nuestras principales labores de supervivencia en el futuro. Creo que por ello puede leerse en el manifiesto de Juan Carlos Méndez Guédez: “No hay épica ni desfile militar en el susurro. Necesitamos susurrarnos la historia que podemos ser.” Un país es un relato que se cuenta cada quien a solas, sin saber cómo termina.

ISABEL VIRGINIA CHIRINOS FLORES
25/08/2014

Comentarios

Entradas populares