Navegando en barco de vela sin viento

Ante el escenario económico que se nos presenta con el descenso significativo de la producción nacional de bienes y servicios, con una inflación para finales de septiembre del presente año, según estadísticas mostradas por el Banco Central de Venezuela, se ubica casi en un 32%, siendo una de las inflaciones más altas de América Latina. Y si le agregamos, la política llevada adelante por el Ejecutivo de expropiar empresas, está causando un profundo desconcierto a la inversión privada, generando la paralización de proyectos e inversiones que beneficiarían la producción ya tan decaída y aumentaría las posibilidades de mayor empleo formal y estabilidad económica del sistema. El Gobierno duplicó su nómina en una década, pasando de 1.200.000 empleados públicos a 2.500.000, lo cual aumentó significativamente la burocracia. Paralelo a esto la deficiente y carente oferta de servicios públicos, la colapsada salud pública, la educación totalmente desnivelada y nuestro potencial humano poco competitivo con respecto a otras economías. Aunado a todo lo anterior descrito, podemos sumar la fuga de capitales, el bajo poder adquisitivo, la escalada de la inseguridad, los brotes de manifestaciones demandando soluciones, así como la descomposición social y la inminente división o dolarización en que se mantiene el país. Todos estos indicadores reflejan que debemos enrumbar al país hacia un horizonte que nos permita replantear objetivos claros y soluciones a corto y mediano plazo, y en donde el capitán dirija nuestro barco hacia nuevos aires, a espacios donde se reconcilien tanto el sector publico como el privado y realizar un plan de crecimiento, desarrollo y cooperación que nos lleve hacia la construcción de un país conformado por todos los venezolanos unidos sin distingo.

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